14 de junio de 2009
13 de junio de 2009
Si somos jóvenes, hagamos el capullo y pasemos a la historia

Me gustan las revistas que van sobre molar. Personas que molan, la música que mola, los gadgets que molan, la ropa con la que deberías molar tanto como una revista que mola tanto como molas por leerla, las drogas que molan por lo malas que son, lo que mola la gente que se queda pillada mientras tú no, la violencia cutre de bamba y teléfono móvil, el sexo tal cual se supone que es, lleno de pelo y con aire amateur.
Mola.
El rollo de la venganza del Nerd unida a la fuerza del Grunge con aspiraciones de Glam y actitudes del Rock, espiritualidad New Age para sin vivires Punk de alguien más bien Pijo que vendería su alma por ser, definitivamente, la puta leche.
Pues menuda baticao.
Lo bonito de las agitaciones es que no sabes qué va a salir. El secreto, bien lo sabe un amante de los cócktels, está en las medidas del ojo del cubero. Y a partir de ahí, pues a ver. A ver cómo nos recordamos a nosotros mismos y qué nombre le pondremos a todo esto.
Nota: Esta imagen de Pavlov es de Google Images. Concretamente, "Personas que pasaran a la historia" era la búsqueda. Junto a él, aparecía la Mona Lisa separando los dedos a lo Trekie, Harry Potter y un par de fotos de huevos duros.
17 de mayo de 2009
Frag. Lisa y Skim
Skim, Mariko & Jillian TamakiLa semana pasada en clase, la Srta. Archer dijo que tengo los ojos de una adivina. Lisa dice que eso significa que llevo demasiado delineador.
Frag. La mosca
Te tendré que matar de nuevo.
Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima,
en Cristianía,
en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos,
en el burdel, en la cocina, sobre un peine,
en la oficina, en esta almohada
te tendré que matar de nuevo,
yo, con mi única vida.
Frag. Qué me habéis hecho
Los rebeldes, de Sándor MáraiHabía tenido la oportunidad de leer Guerra y paz y recordaba a menudo la escena que más le había impresionado: el duque acaba de llegar del campo de batalla y encuentra a su esposa muerta, en cuyo rostro aún se lee el trágico reproche: "¿Qué me habéis hecho?". Fue como una revelación para Ábel: alguien había conseguido transmitir en una sola frase algo casi imposible de expresar con palabras. Algo que quizás constituía la propia esencia de las relaciones humanas. "Qué me habéis hecho".
6 de abril de 2009
Cel rogent, pluja o vent
Puedo ver la televisión de los vecinos desde mi habitación, así como su maceta donde anda muriéndose una planta al sol. En el piso de abajo, un habitación se cubre con un a cortina de cerezas. No alcanzo a ver a los peatones, solo la terraza con mi ropa tendida y, si alzo la mirada, parabólicas.Está realmente despejado, un cielo con nubes corto de borrascas. Mientras inspecciono el tetris de desniveles de las casas del otro lado de mi casa, me estás contando por teléfono que anuncian lluvias para el sábado en Sant Feliu de Guíxols. Parece increíble ahora mismo, pero que yo recuerde casi siempre llueve en semana santa. No me sorprende.
Que yo recuerde también, a partir de este jueves se abren las heladerías de mi pueblo, o al menos se abrían cuando era pequeña. Era el primer helado del año. Claro que hoy en día un helado te lo puedes comer a todas horas, más en una ciudad. Entonces no; los dulces y las actividades estaban racionadas. Un granizado de limón y la palma. La colgábamos cabeza abajo hasta que llegaba la época de las piscinas, y después de las piscinas el agua del mar ya estaba templada para bañarte. Al cabo de dos meses se enfriaban. El cielo se sesgaba y asomaban las primeras líneas rojas del otoño, incluso le acompañaba un grupo de nubes como fumadas por las cuatro puntas de un rastrillo. Viento. Si no había el reflejo de las líneas de los viñedos, si simplemente era rojo sin aderezos, lluvia. Invierno. De nuevo los cambios de hora, la semana santa, los helados…
Bueno, te contesto, pues ya veremos. No sé cómo funciona el cielo en la costa brava. La de tu casa. Tampoco sé cómo funciona el que está sobre mi propio tejado ahora mismo, por eso lo miro tanto ahora mientras hablamos del tiempo. Es difícil predecir. Seguramente, pienso, lloverá cuando todavía no haya destendido la ropa. En Barcelona el tiempo me parece un tocahuevos.
25 de marzo de 2009
Pienso, luego comida para gatos

Nunca es el momento de escribir cuentos, ni para adultos ni para niños. Solo hay una cadena de obligaciones inevitables, una interrumpida puesta a punto que dura todo el día y, al final del carrerón, una televisión encendida que te pone por medalla una butaca mientras suena el himno nacional de las nueve.
A tiempo, a salvo, con el cuenco de sopa en las manos.
Me-duer-mo.
Es gracioso como apartan los micrófonos los diputados, como si abofetearan al mensajero cuando discuten en el parlamento: usted lo que le digo, y usted es lo que aquel otro. Han caído como moscas unas cien personas por ahí. Greenpeace se enlancha hacia las focas, las personas se desnudan y se tiran al suelo como protesta. Los adolescentes miran tetas, los abuelos siguen mirando las obras. Hay un par de noticias que acaban con la palabra espeluznante, y luego los presentadores se sonríen cada vez que un niño da consejos para ahorrar agua. Tenemos esperanza. El meteorólogo señala borrasca entre los 5 círculos amorfos y concéntricos que se mueven alrededor de una A mayúscula. Los espectadores mandan fotos de sus tejados nevados, de sus jardines floridos, de sus granizadas como pelotas de tenis, mujeres en bañador mojándose los pies. ¡Qué diablos, eso es fantástico para esquiar, para la primavera, para enseñarlo, para la circulación!
Me-cai-go.
Pijama, cama, libro.
Suave, cálido, mate.
Linces, leoncitos, jaguares, tigritos, guepardos, cervalitos, jaguares, gatetes del desierto.
Me duermo imaginando que te huelen, y aún así no te comen porqué te quieren.
Y ahí me caigo a bocaditos en sus cuenquitos, pienso de jirafa triunfante ante una lata de paté salmón.
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